{"id":151,"date":"2006-07-11T18:07:32","date_gmt":"2006-07-11T18:07:32","guid":{"rendered":"http:\/\/joaquimdiario.pisa-bcn.net\/?p=151"},"modified":"2006-07-11T18:07:32","modified_gmt":"2006-07-11T18:07:32","slug":"la-nacion-ese-sujeto-colectivo-fabulado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/joaquimdiario.es\/?p=151","title":{"rendered":"La naci\u00f3n, ese sujeto colectivo fabulado"},"content":{"rendered":"<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span>REALIDAD NACIONAL<br \/>Francisco J. Laporta<\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span>El Pa&iacute;s, 14-05-2006 <\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span>Mucha gente ignora que en las llamadas tumbas del soldado desconocido no hay restos humanos de tipo alguno. No es que haya all&iacute; unos huesos an&oacute;nimos de un soldado cuya identidad se desconoce y puede por ello representar a todos y cada uno de los soldados que han sido enviados a morir por la patria; es que, en rigor, no hay huesos, la tumba est&aacute; vac&iacute;a. De forma que los actos de homenaje que le son rendidos se tornan en una liturgia que consiste simplemente en proyectar sentimientos colectivos hacia una realidad inexistente.<\/span><\/p>\n<p> <!--more--> <\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span>Pues bien, a la naci&oacute;n le pasa lo mismo que al soldado desconocido: no tiene huesos, no tiene realidad. As&iacute; que esa de &quot;realidad nacional&quot; es una expresi&oacute;n que trata de fundir dos conceptos incompatibles y que acaba as&iacute; por significar algo as&iacute; como realidad irreal, es decir, lo que se llama culteranamente un ox&iacute;moron. Lo mismo que lo ser&iacute;a la afirmaci&oacute;n de que hay una nacionalidad real, de verdad, como algo diferenciable de la mera ciudadan&iacute;a jur&iacute;dica. Uno podr&iacute;a afirmar, por ejemplo, que es un espa&ntilde;ol real y no un espa&ntilde;ol postizo de esos a los que el Gobierno concede la nacionalidad porque juegan bien al ping-pong o porque invierten en la Costa del Sol. Sin embargo, todas las indagaciones que se han emprendido para tratar de dotar de alg&uacute;n referente real al concepto de naci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de las normas jur&iacute;dicas han fracasado estrepitosamente, y se ha acabado ya por aceptar que la naci&oacute;n es algo inventado o imaginado que consiste simplemente en la emoci&oacute;n colectiva que experimentan aquellos que la inventan o la imaginan. <\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span>Creo haber le&iacute;do en Borges que ser argentino no era m&aacute;s que un acto de fe. Pues bien, lo mismo puede decirse de eso de ser espa&ntilde;ol, franc&eacute;s, alem&aacute;n, catal&aacute;n o vasco. Lo que sucede es que tendemos a aferrarnos a nuestra fe, sea la que sea, y no paramos de insistir una y otra vez en que nuestras creencias tienen como objeto una aut&eacute;ntica realidad que est&aacute; ah&iacute; fuera, a la vista de todos, y esa realidad es la naci&oacute;n, realidad nacional. Para unos se manifiesta en la lengua y as&iacute; afirman que son una naci&oacute;n porque hablan una lengua, aunque ya estemos hartos de saber que las lenguas acostumbran a ser multinacionales y las naciones acostumbran a ser pluriling&uuml;es, con lo que el argumento que une ambas cosas resulta claramente inconcluyente. Para otros es la sangre, la raza, o, en t&eacute;rminos m&aacute;s de moda, la etnia. No es necesario decir que esto es simplemente tratar de explicar un concepto oscuro haciendo uso de conceptos todav&iacute;a m&aacute;s oscuros, algunos de los cuales pugnan, adem&aacute;s, con todo nuestro saber cient&iacute;fico. Muchos apelan a la historia, pero ya se ha dicho una y otra vez que esa historia o esa tradici&oacute;n es un puro apa&ntilde;o, una invenci&oacute;n, un ejercicio sistem&aacute;tico de olvido mucho m&aacute;s que un tributo a la memoria. <\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span>Y no faltan tampoco los que apelan nada menos que a la religi&oacute;n, a la que tambi&eacute;n pervierten y manosean para hacerla decir lo que nunca dijo. No es infrecuente que entre ellos se propague la singular patra&ntilde;a de que su naci&oacute;n sea predilecta de profetas y dioses. Cuando yo era ni&ntilde;o los curas nacionalistas espa&ntilde;oles aseguraban que Cristo hab&iacute;a manifestado que &quot;reinar&iacute;a&quot; en Espa&ntilde;a con m&aacute;s predilecci&oacute;n que en ning&uacute;n otro lugar. As&iacute; mismo. La estupidez nacional no conoce de l&iacute;mites. <\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span>Y como quiera que todos los argumentos que se han esgrimido para configurar la naci&oacute;n mediante alg&uacute;n rasgo detectable se han visto refutados siempre por la realidad, la estratagema que se ha acabado por imponer es la que afirma que una colectividad es una naci&oacute;n cuando tiene &quot;voluntad de ser&quot;. Esto es, sin duda, sorprendente, porque parece confundir el deseo con la realidad, o sustituir la realidad por el deseo. O quiz&aacute; se trata de una expresi&oacute;n metaf&iacute;sica: se tratar&iacute;a de la voluntad de tener un &quot;ser&quot; que la mera agregaci&oacute;n de conductas individuales y relaciones humanas se entiende que no acaba de parir del todo. Y as&iacute;, en todos estos movimientos emocionales se acaba por proceder a una entificaci&oacute;n de comportamientos colectivos hasta tornarlos en un &quot;ser&quot; que vive y act&uacute;a: Francia, Espa&ntilde;a, Catalu&ntilde;a, Alemania, y, ahora, Andaluc&iacute;a. <\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span>Tal ser tiene rasgos reconocibles, como una voluntad y una personalidad; incluso tiene delicados sentimientos morales: puede ser ofendido o humillado, y puede sobre todo tomar la conducci&oacute;n de la historia. Pero todo esto no es m&aacute;s que un modo de hablar. A la hora de la verdad, quien se humilla y se ofendeson s&oacute;lo los sujetos individuales que tienen esas particulares creencias y susceptibilidades. Y quien pretende conducir la historia suelen ser unos pocos avisados de entre ellos. <\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span>M&aacute;s all&aacute; de un conjunto de normas jur&iacute;dicas, la naci&oacute;n es, pues, irreal. Por supuesto que no trato de negar lo evidente. Todos habitamos complejas pr&aacute;cticas sociales compartidas que nos enriquecen y configuran, y a trav&eacute;s de las que desarrollamos nuestra vida y nuestra personalidad: la lengua, la cultura, la familia, la ciencia, la religi&oacute;n. Son, adem&aacute;s, extremadamente importantes y, al menos algunas de ellas, muy dignas de ser protegidas. Lo que me propongo negar con toda firmeza es que tales pr&aacute;cticas alumbren una especie de sujeto colectivo real que est&eacute; por encima de los ciudadanos que participan en ellas, y sobre todo que ese sujeto colectivo as&iacute; fabulado disfrute de legitimidad pol&iacute;tica alguna para demandar nada o de ciertos supuestos derechos hist&oacute;ricos a alguna posici&oacute;n de poder. No hay nada de eso. Eso es un mero extrav&iacute;o argumental que s&oacute;lo conduce a una percepci&oacute;n distorsionada de la vida pol&iacute;tica y a la instalaci&oacute;n en las mentes de una fuente de perpetua insatisfacci&oacute;n. Cuando se lleva demasiado lejos tiende a generar una suerte de alucinaci&oacute;n colectiva de extraordinario peligro tanto para sus integrantes como para sus vecinos. Ya lo hemos visto demasiadas veces en la historia como para que sea necesario recordarlo de nuevo. <\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span>Ahora vuelve a aparecer entre nosotros precisamente a la hora de replantear el problema de la distribuci&oacute;n de competencias en el Estado constitucional. Reconozcamos que es un poco infantil. Como, desde la Revoluci&oacute;n Francesa, el concepto de naci&oacute;n lleva consigo la fascinaci&oacute;n de la soberan&iacute;a, es decir, de la competencia jur&iacute;dica m&aacute;xima, es sencillo autoproclamarse naci&oacute;n para exhibir un t&iacute;tulo a mayores competencias. Naci&oacute;n, nacionalidad hist&oacute;rica o realidad nacional. Lo que sea con tal de alardear de un supuesto derecho a m&aacute;s. Lo que sucede es que esto es poner la carreta delante de los bueyes. No se prueba con ello que hayan de ejercerse mayores competencias aqu&iacute; o all&aacute;; simplemente, se presupone. Y con una argumentaci&oacute;n cuyas premisas fundamentales est&aacute;n viciadas en origen. Se nos hurta as&iacute; una vez m&aacute;s una discusi&oacute;n madura sobre la racionalizaci&oacute;n del ejercicio del poder en un Estado complejo, y se hace adem&aacute;s mediante una exaltaci&oacute;n mit&oacute;mana y vac&iacute;a de la psicolog&iacute;a de los ciudadanos, empuj&aacute;ndolos unos contra otros en el despe&ntilde;adero de las identidades colectivas, espa&ntilde;olistas, catalanistas y, ahora, inopinadamente, andalucistas. Y no acabar&aacute; aqu&iacute;. Seguro que, dado el &eacute;xito del invento, vendr&aacute;n despu&eacute;s algunas otras &quot;realidades nacionales&quot; m&aacute;s. <\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span>Tenemos por ello el deber de rehusar entrar en ese juego trucado. Urge que tomemos en serio lo que nos dej&oacute; dicho un andaluz por los cuatro costados, Francisco Murillo Ferrol, en su melanc&oacute;lica reflexi&oacute;n sobre este renacer insensato del particularismo nacionalista: &quot;S&oacute;lo nos cabe tratar de desmitificar en lo posible esa fuente inagotable de fanatismo&quot;. <\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>REALIDAD NACIONALFrancisco J. Laporta El Pa&iacute;s, 14-05-2006 &nbsp; Mucha gente ignora que en las llamadas tumbas del soldado desconocido no hay restos humanos de tipo alguno. 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