{"id":169,"date":"2006-07-12T17:06:25","date_gmt":"2006-07-12T17:06:25","guid":{"rendered":"http:\/\/joaquimdiario.pisa-bcn.net\/?p=169"},"modified":"2006-07-12T17:06:25","modified_gmt":"2006-07-12T17:06:25","slug":"contra-toda-identidad-nacional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/joaquimdiario.es\/?p=169","title":{"rendered":"Contra toda identidad nacional"},"content":{"rendered":"<p style=\"margin: 5pt 0cm\"><font color=\"#000000\">La identidad de una esquina <br \/>MANUEL CRUZ <\/font><\/p>\n<p style=\"margin: 5pt 0cm; text-align: justify\"><font color=\"#000000\">EL PA&Iacute;S 07-12-2005 <\/font><\/p>\n<p style=\"margin: 5pt 0cm; text-align: justify\"><font color=\"#000000\">En la ciudad de Buenos Aires, en el cruce de la famosa calle Florida con la de Paraguay, se encuentra situada una antigua cafeter&iacute;a llamada Florida Garden. Desayunaba en ella hace pocas semanas cuando me llev&eacute; la sorpresa de comprobar que en las peque&ntilde;as servilletas de papel que se les ofrecen a los clientes en todas las mesas viene escrito el siguiente texto: &quot;Florida Garden. La identidad de una esquina&quot;. Estando como est&aacute; en estos tiempos cualquier ciudadano de Catalu&ntilde;a, esto es, agobiado por los temas identitarios, no pude por menos que pensar para mis adentros: &quot;Vaya por Dios (es un decir, claro), &iexcl;si ahora va a resultar que hasta las esquinas tienen identidad!&quot;.<\/font><\/p>\n<p> <!--more--> <\/p>\n<p style=\"margin: 5pt 0cm; text-align: justify\"><font color=\"#000000\">{mosimage}{mosimage}Quiz&aacute; a alguien le pueda parecer un punto exagerada aquella reacci&oacute;n m&iacute;a. Soy consciente de que en los &uacute;ltimos tiempos los m&aacute;s recalcitrantes defensores de los asuntos identitarios en mi comunidad prefieren aparecer revestidos de ropajes pragm&aacute;ticos. Pero no habr&iacute;a que tener una mirada tan corta. Cuando se inici&oacute; en Catalu&ntilde;a la largu&iacute;sima andadura del Estatuto, los temas prioritarios no eran de este segundo tenor, sino del primero, desatadamente simb&oacute;lico. Fue cuando, por diferentes v&iacute;as (si no recuerdo mal, le corresponde al secretario general de Comisiones Obreras en Catalu&ntilde;a el m&eacute;rito de haber dado el pistoletazo de salida cr&iacute;tico), empez&oacute; a hacerse p&uacute;blico y manifiesto el desinter&eacute;s de la ciudadan&iacute;a hacia tales asuntos cuando los representantes pol&iacute;ticos partidarios de la reforma del texto decidieron dar un giro a la manera de argumentar la necesidad de dicha reforma, y acu&ntilde;aron la met&aacute;fora (muy <em>boy scout,<\/em> dicho sea de paso) del abrelatas, esto es, del nuevo marco legal como instrumento necesario para resolver los problemas (vivienda, paro, inmigraci&oacute;n&#8230;) que efectivamente preocupan a los ciudadanos. <\/font><\/p>\n<p style=\"margin: 5pt 0cm; text-align: justify\"><font color=\"#000000\">La andadura fue, como dec&iacute;amos, larga y a ratos fatigosa. Tanto es as&iacute; que cuando, hacia mediados del pasado septiembre, era dominante la sensaci&oacute;n de que el proyecto quedar&iacute;a embarrancado en Catalu&ntilde;a, por todas partes se repet&iacute;a la afirmaci&oacute;n del enorme descr&eacute;dito alcanzado por la clase pol&iacute;tica catalana, la desafecci&oacute;n irreversible hacia lo p&uacute;blico que ello iba a provocar entre los votantes, etc&eacute;tera. Por aquellas fechas, con ocasi&oacute;n de una tertulia matutina en una emisora local de Barcelona y al ser preguntado por mi punto de vista al respecto, ya di mi opini&oacute;n acerca de la m&aacute;s que probable mudanza de dicha percepci&oacute;n, que, a la vista de las experiencias del pasado, era harto probable que virara hacia el fervor patri&oacute;tico, la unidad frente a los consabidos ataques del centralismo, el memorial de agravios acumulados y otros registros an&aacute;logos. El vaticinio, bien f&aacute;cil de hacer por alguien m&iacute;nimamente atento a la pol&iacute;tica catalana desde los inicios de la democracia, parece estarse cumpliendo punto por punto. <\/font><\/p>\n<p style=\"margin: 5pt 0cm; text-align: justify\"><font color=\"#000000\">Pero antes de que todo ello ocurriera, incluso antes de que los predicadores de la derecha pusieran en marcha su eficaz y poderosa maquinaria de agitaci&oacute;n y crispaci&oacute;n, hubo un episodio que me llam&oacute; la atenci&oacute;n y sobre el que me gustar&iacute;a poner el acento por un instante. Tres d&iacute;as despu&eacute;s de haber sido aprobado, por abrumadora mayor&iacute;a, el nuevo Estatuto, el presidente de la Generalitat declar&oacute; en el Parlament que, sin duda, hab&iacute;an hecho mal muchas cosas, que se hab&iacute;an equivocado con el texto finalmente acordado por el 90% de la c&aacute;mara y que, como consecuencia de todo ello, hab&iacute;a que ir al Congreso de los Diputados de Madrid con actitud negociadora. Imagino que, al igual que yo, muchos ciudadanos se debieron preguntar: si tres d&iacute;as despu&eacute;s tienen tan sumamente claros sus errores, &iquest;qu&eacute; celebraban con ese enorme entusiasmo y alegr&iacute;a tres d&iacute;as antes? <\/font><\/p>\n<p style=\"margin: 5pt 0cm; text-align: justify\"><font color=\"#000000\">Confieso que no he alcanzado a saber a qu&eacute; se refer&iacute;a Pasqual Maragall al aludir a las &quot;muchas cosas que hemos hecho mal&quot;. El goteo incesante de declaraciones -en m&aacute;s de un caso contradictorias- de unos y de otros no ha conseguido aclar&aacute;rmelo. En alg&uacute;n momento parec&iacute;a que se alud&iacute;a al a estas alturas fastidioso asunto de la definici&oacute;n de Catalu&ntilde;a como naci&oacute;n. Representantes de partidos nacionalistas hab&iacute;an llegado a sostener que, precisamente porque el asunto no ten&iacute;a la menor trascendencia pol&iacute;tica y era s&oacute;lo <em>cuesti&oacute;n de palabras,<\/em> se pod&iacute;a llegar a alguna transacci&oacute;n al respecto. M&aacute;s tarde vino la intervenci&oacute;n de los representantes del Parlament de Catalu&ntilde;a en el pleno del Congreso. La verdad es que conmov&iacute;a escuchar a dichos representantes, especialmente a los nacionalistas, pronunciar en el Congreso de los Diputados unas declaraciones de simpat&iacute;a -cuando no de amor- a Espa&ntilde;a que los ciudadanos catalanes jam&aacute;s escuchamos por aqu&iacute; de esas mismas bocas. <\/font><\/p>\n<p style=\"margin: 5pt 0cm; text-align: justify\"><font color=\"#000000\">Pero tampoco deb&iacute;a ser &eacute;se el misterioso error porque, d&iacute;as despu&eacute;s, los lectores de este peri&oacute;dico nos desayun&aacute;bamos leyendo en su portada que el susodicho asunto de la definici&oacute;n era innegociable y que en ning&uacute;n caso alternativas como la de <em>identidad nacional<\/em> -seg&uacute;n parece, propuesta por el propio presidente del Gobierno- resultaban aceptables. Quiz&aacute; deba iniciar un peque&ntilde;o rodeo para no quedar varado en el mero estupor. No soy historiador, ni polit&oacute;logo, ni economista, ni soci&oacute;logo, ni, en sentido m&iacute;nimamente propio, cient&iacute;fico social en ninguna de sus variantes. M&aacute;s a&uacute;n: no me duelen prendas en confesar p&uacute;blicamente que cuando soy requerido a opinar sobre determinados temas suelo hacer m&iacute;as las opiniones de los analistas y profesionales que tengo en mayor estima y que son -ellos s&iacute;- competentes al respecto. De hecho, durante bastante tiempo hac&iacute;a m&iacute;os los an&aacute;lisis de Antoni Puigverd en lo tocante a las posibilidades que abr&iacute;a el proyecto de Maragall de plantear una nueva manera no s&oacute;lo de pensar las relaciones con el resto de Espa&ntilde;a, sino tambi&eacute;n en el seno de la propia sociedad catalana (con su sugestiva <em>teor&iacute;a de la trenza,<\/em> que alud&iacute;a a la forma en que, seg&uacute;n &eacute;l, hab&iacute;an empezado a articularse los catalanes de origen y los hijos y nietos de la emigraci&oacute;n interior). Hoy, a la vista de la deriva que han ido tomando los acontecimientos (incluyendo en este cap&iacute;tulo no s&oacute;lo el propio texto del Estatuto, sino la pr&aacute;ctica del tripartito en asuntos altamente sensibles), he llegado al convencimiento de que tanto aquellos an&aacute;lisis de Puigverd como los de muchos otros con los que coincid&iacute; -adem&aacute;s de en las ideas, en alguna plataforma de apoyo a Maragall- han terminado por convertirse en piadosas intenciones que no tienen el m&aacute;s peque&ntilde;o viso de convertirse en reales. <\/font><\/p>\n<p style=\"margin: 5pt 0cm; text-align: justify\"><font color=\"#000000\">Ignoro tambi&eacute;n si puedo ser incluido en el colectivo de los intelectuales convocados por Manuela de Madre y Carod. Supongo que no. En primer lugar, porque sospecho que la convocatoria se dirig&iacute;a en exclusiva a los partidarios de su misma causa, pero, en segundo, porque se especificaba que iba dirigida a losintelectuales <em>espa&ntilde;oles,<\/em> esto es, de fuera de Catalu&ntilde;a. Probablemente porque daban por descontado que entre los intelectuales catalanes se produce una casi absoluta unanimidad (apenas rota por el peque&ntilde;o grupo de <em>los de siempre).<\/em> En todo caso, imagino que, en tanto que ciudadano que ha nacido, crecido y trabajado en Catalu&ntilde;a toda su vida, y que se encuentra preocupado por el futuro de su comunidad, me asiste el derecho a expresar en voz alta alguna modesta consideraci&oacute;n. <\/font><\/p>\n<p style=\"margin: 5pt 0cm; text-align: justify\"><font color=\"#000000\">Quiz&aacute; para cuando este art&iacute;culo venga a publicarse habr&aacute; amainado la tormenta provocada por el insensato boicot a productos catalanes, las encendidas soflamas de alg&uacute;n periodista radiof&oacute;nico matutino y dem&aacute;s factores perturbadores. Ojal&aacute; sea as&iacute;. Porque ello permitir&iacute;a -o al menos, deber&iacute;a permitir- devolver las cosas al lugar del que nunca debieron salir, esto es, el de la cr&iacute;tica pol&iacute;tica, a ser posible no coyuntural, alejado de esa pr&aacute;ctica, en la que parecen sentirse tan c&oacute;modamente instalados los pol&iacute;ticos de estas latitudes, de atribuir por sistema a alg&uacute;n enemigo exterior la causa de todos nuestros males. Acaso entonces pudieran reconsiderarse de una vez cuestiones que han ido siendo aceptadas, a modo de evidencia indiscutible, y que no es de descartar que estuvieran en el origen de muchos de nuestras dificultades actuales. Estoy pensando, en concreto, en la llamada <em>transversalidad<\/em> del nacionalismo en Catalu&ntilde;a, en el t&oacute;pico de que una determinada sensibilidad pol&iacute;tica, lejos de ser el monopolio de una u otra formaci&oacute;n, las atraviesa a todas, no siendo posible a este respecto establecer l&iacute;neas de demarcaci&oacute;n. <\/font><\/p>\n<p style=\"margin: 5pt 0cm; text-align: justify\"><font color=\"#000000\">Mucho me temo que, por bienintencionada que fuera la idea (esto es, por m&aacute;s que viniera animada por el prop&oacute;sito de neutralizar una posible discriminaci&oacute;n entre partidos catalanes y partidos de obediencia <em>exterior),<\/em> no s&oacute;lo no ha conseguido su objetivo (los reproches a que algunos reciben &oacute;rdenes <em>de Madrid<\/em> arrecian en cuanto el debate pol&iacute;tico se intensifica lo m&aacute;s m&iacute;nimo), sino que ha terminado por provocar efectos ciertamente perversos. Como el de regalar la hegemon&iacute;a ideol&oacute;gica y pol&iacute;tica a los rivales electorales, cosa que ha quedado sobradamente probada a lo largo de todos estos a&ntilde;os. Pero quiz{mosimage}&aacute; ahora, m&aacute;s importante todav&iacute;a que eso, sea el efecto homogeneizador que dicha presunta transversalidad provoca. Una homogeneizaci&oacute;n que impide la cr&iacute;tica. De esto, que es cosa sabida, tuvimos abundantes muestras en el pasado (bastar&iacute;a recordar que el mismo tipo de asuntos, relacionados con el dinero, que a unos les expulsaba del Gobierno central, a otros en la periferia les proporcionaba pl&aacute;cidas mayor&iacute;as absolutas), pero, lo que es m&aacute;s grave, la seguimos teniendo en el presente. <\/font><\/p>\n<p style=\"margin: 5pt 0cm; text-align: justify\"><font color=\"#000000\">Con lo que tal vez est&eacute; en condiciones de recuperar mi pregunta de unos p&aacute;rrafos atr&aacute;s, incorporando nuevos interrogantes. &iquest;Alguien va a explicar en qu&eacute; <em>se equivocaron<\/em> el 90% de representantes del pueblo de Catalu&ntilde;a? &iquest;Nadie va a hacer un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de lo que han significado todos estos a&ntilde;os de hegemon&iacute;a ideol&oacute;gica, social y pol&iacute;tica del nacionalismo conservador? &iquest;Alguien estar&iacute;a dispuesto a hacerse la autocr&iacute;tica en el supuesto de que todo este proceso terminara significando la derrota de Zapatero? Aunque tal vez esta &uacute;ltima interrogaci&oacute;n tuviera que adoptar un car&aacute;cter un poco m&aacute;s amplio: &iquest;alguien est&aacute; dispuesto a hacerse la autocr&iacute;tica por algo? &iquest;O vamos a continuar por la senda f&aacute;cil y c&oacute;moda de llamar al cierre de filas ante la presunta ofensiva anticatalana de la emisora de los obispos (a la que, por cierto, se le est&aacute; haciendo una impagable propaganda gratuita)? Quiz&aacute; el problema tenga algo que ver con el hecho de que muchos -incluso, &iexcl;ay!, quienes menos debieran, viniendo de donde vienen- han terminado interiorizando el discurso de la transversalidad y se han convencido de que, efectivamente, no hay vida pol&iacute;tica fuera del nacionalismo. De tal manera que no les cabe en la cabeza que pueda haber otros -sospecho que muchos o, en todo caso, bastantes- que pueden ser cr&iacute;ticos con ellos, sin, por tal raz&oacute;n, alinearse autom&aacute;ticamente con el nacionalismo de signo opuesto. <\/font><\/p>\n<p style=\"margin: 5pt 0cm; text-align: justify\"><font color=\"#000000\">En Catalu&ntilde;a se ha abierto una din&aacute;mica de confrontaci&oacute;n entre nacionalistas de aqu&iacute; y de all&aacute; que est&aacute; empobreciendo severamente el debate, al tiempo que contribuye a alimentar un irrespirable clima de descalificaciones (a partes desiguales, desde luego). Aunque a alguien le pueda sonar algo duro (o incluso desmesurado), en alg&uacute;n momento he llegado a pensar, a la vista de lo que est&aacute; ocurriendo, que la versi&oacute;n m&aacute;s actualizada y pr&oacute;xima de aquellas dos Espa&ntilde;as machadianas es la que hoy viene representada por esos nacionalismos enfrentados, intransigentes ambos a la hora de admitir que pueda existir una mirada diferente a la que ellos representan, unidos los dos f&eacute;rreamente por la l&oacute;gica del <em>quien no est&aacute; conmigo est&aacute; contra m&iacute;.<\/em> &iquest;Que hay gente en medio que propone la superaci&oacute;n de dicho conflicto? No lo dudo. Pero el conflicto es m&aacute;s serio de lo que parece -no se reduce a una mera disputa te&oacute;rica entre historiadores o polit&oacute;logos- desde el momento en que los mismos que cuando viajan a Madrid se suman, entusiastas, a la propuesta de Zapatero de la Espa&ntilde;a plural no est&aacute;n dispuestos ni a o&iacute;r hablar, cuando vuelven a casa, de la Catalu&ntilde;a plural. En la que quepan sin mayores problemas no s&oacute;lo las diferentes sensibilidades nacionales (que ya ir&iacute;a siendo hora, por cierto, de que regresaran a la esfera privada y que ah&iacute; cada cual se emocionara con la bandera, el himno o el paisaje que le viniera en gana), sino sobre todo los diferentes puntos de vista pol&iacute;ticos. Entre ellos los de quienes no nos consideramos nacionalistas de ninguna naci&oacute;n y reivindicamos, sencillamente, nuestro derecho a vivir as&iacute;, sin patria alguna. En fin. No s&eacute;. Qu&eacute; quieren que les diga. Identidad por identidad, me quedo con la de la cafeter&iacute;a. En realidad, no necesito m&aacute;s. <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La identidad de una esquina MANUEL CRUZ EL PA&Iacute;S 07-12-2005 En la ciudad de Buenos Aires, en el cruce de la famosa calle Florida con la de Paraguay, se encuentra situada una antigua cafeter&iacute;a llamada Florida Garden. 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