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Acatar no es amar. De banderas, lealtades y respeto a nuestra memoria colectiva

Publicada el 11 julio, 2006

¿CÚAL ES LA BANDERA ESPAÑOLA?Vicenç Navarro

EL PAÍS – ed. Catalunya – 10-04-2006

 Cuando muchos españoles procedentes de otras partes de España visitan Cataluña, se extrañan por la escasa visibilidad que tiene en nuestra comunidad autonóma la bandera borbónica que la Constitución de 1978 definió como la española. Frecuentemente interpretan tal escasa visibilidad como prueba de una falta de identificación y deseo de pertenencia a España por parte de la mayoría de los catalanes. Tal interpretación choca, sin embargo, con la realidad documentada en muchas encuestas que señalan que la mayoría de los catalanes nos definimos y nos sentimos españoles, además de catalanes. Muchos de nosotros tenemos familiares que proceden de otras partes de España, habiendo luchado durante la dictadura tanto por la identidad catalana como por la libertad de toda España. Miles y miles de catalanes (muchos familiares míos) que perdieron la mal llamada Guerra Civil pagaron un coste personal elevado (prisión, campos de concentración en España y en la Alemania nazi, y exilio) por su compromiso con las clases populares no sólo de Cataluña, sino de toda España. Y cuando muchos de nosotros iniciamos en Cataluña la resistencia no armada antifascista en los años cincuenta, lo hicimos para alcanzar la libertad, no sólo de Cataluña, sino de toda España. Creo difícil con estos antecedentes que se pueda dudar de nuestra dedicación a España. Y sin embargo, ninguno de mis familiares (ni de millones de catalanes y españoles) se siente identificado con la bandera borbónica, que para muchos españoles fue (junto con los símbolos fascistas añadidos a esta bandera borbónica) la bandera de los vencedores de la Guerra Civil y de la dictadura. Creerse que la mera eliminación de los símbolos fascistas (menos del 5% del espacio que ocupa la bandera) es suficiente para que nos identifiquemos con ella es creerse que la historia de España comienza en 1978.

Para millones de catalanes y de españoles la bandera bajo la cual catalanes, vascos, gallegos, andaluces, castellanos, extremeños, valencianos y muchos otros lucharon por la libertad y la justicia social y por el respeto a la pluralidad de las naciones y de los pueblos de España es la bandera republicana, que llegó incluso a prohibirse cuando se aprobó la bandera borbónica como la bandera española. La falta de identificación con la bandera borbónica (y la falta de identificación con la Marcha real, que se convirtió en 1978 en himno de España) no puede ni debe interpretarse como falta de identificación y compromiso con España, sino como falta de identificación con la España vencedora, con la cual millones de catalanes y españoles no podemos identificarnos por mucho que lo diga la Constitución de 1978. La España con la que nos identificamos es la España que luchó por la libertad, por la justicia social y por la plurinacionalidad del Estado español, es decir, la España republicana reflejada en su bandera. De ahí que animaría a las fuerzas democráticas que se sienten catalanas y españolas a que muestren su identificación con la España de la que procedemos y de la que nos sentimos herederos, mostrando la bandera republicana, recuperando también así nuestra historia. Una cosa, por lo tanto, es acatar la Constitución y su bandera, y otra sentirnos identificados con ella y sus símbolos.

 

Tal desconocimiento de nuestra historia es también, por cierto, lo que da lugar a la definición de las fuerzas armadas españolas como unas fuerzas democráticas dentro de un Estado democrático, definición que aparece de nuevo en la Constitución de 1978 y que se ha repetido ad náuseam para reasegurar a la ciudadanía que el Ejército es democrático, ignorando indicador tras indicador que cuestionan tal supuesto. En realidad, sería fácil demostrar que tal Ejército es democrático si condenara el golpe militar del Ejército que traicionó a un Gobierno democráticamente elegido, el de la República; si homenajeara a los militares asesinados por los golpistas y a los pocos militares que durante la dictadura lucharon por un Ejército y un Estado democráticos; si eliminara todos los símbolos del régimen anterior y prohibiera la alabanza a aquel régimen; si expulsara y no promocionara a los militares que han participado en los intentos golpistas ocurridos durante el periodo democrático, entre otras muchas posibilidades. Pues bien, ninguna de estas acciones ha ocurrido o está ocurriendo. Si ustedes van al paseo de Colom en Barcelona, verán el símbolo fascista a la entrada del cuartel del Ejército; muchos militares golpistas han sido promocionados; los militares que lucharon por la democracia continúan expulsados del Ejército, y un largo etcétera. Y nunca olvidemos que cuando los militares frustraron el golpe militar de 1981 lo hicieron no por su lealtad a la Constitución, sino por seguir las órdenes de Franco, que les exigió obedecer al Rey. Ante esta evidencia, considero equivocado ocultar esta realidad.

 Pero lo que encuentro profundamente erróneo es la definición de lo que se considera "amor patriótico" en amplios sectores del Ejército. Amor patriótico debe ser amor al pueblo español, cuyas clases populares son la mayoría de la población. El golpe militar de 1936 y la dictadura que impuso tuvieron un impacto enormemente negativo en el desarrollo económico, político, cultural y social de las clases populares de España. Y los datos hablan por sí mismos (El subdesarrollo social de España, 2006). Cuando el golpe militar ocurrió en el año 1936, España tenía el mismo nivel de riqueza que Italia. Cuando el dictador murió, España tenía sólo el 68% del nivel de riqueza de Italia. España estaba a la cola de Europa junto con Grecia y Portugal, que padecieron regímenes semejantes. ¿Cómo puede llamarse "amor patriótico" a lo que implicó tanto daño para las clases populares no sólo de Cataluña, sino de toda España?.

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