Eric J. Hobsbwam
Fragmento de una entrevista en el diario El Mercurio, Chile, 1998
Personalmente, no creo en la vía de las historias nacionales. La historia, es universal, del género humano, o no es nada. Las historias nacionales tienen sentido en función del sistema escolar de tal y tal Estado, o en función de la política ideológica, pero me parecen, en general, negativas. Son, además, una pésima base para las investigación historiográfica. Sólo tienen sentido en función del papel que algunos estados tuvieron en cierta época de la historia. Por ejemplo, casi no es posible entender la historia del siglo XVIII sin el conflicto entre los estados de Francia y Gran Bretaña. Ahí, un elemento de historia nacional tiene que entrar en el análisis. Pero, en general, lo estados nacionales son una creación bastante reciente. Extender en el pasado la historia nacional no es realista. Por ejemplo, si observamos a Suiza. Hay en este momento una querella entre historiadores en la que unos afirman la necesidad de volver, como siempre ha sido la convención en esta materia, hasta el siglo XII Y XIII. Pero hay otros que insisten en que la Suiza, tal como existe hoy, es hija de la Revolución Francesa, porque características como la neutralidad nacen en ese momento. Construir una historia nacional coherente para Suiza es forzado. Lo mismo podemos decir de Chile. Hasta qué punto hay que remontarse en el pasado. Y una reducción al absurdo: ¿qué es la historia nacional de Burundi o de Ruanda? Sin duda habrá manuales escolares que hablarán del Burundi en la antigüedad. Es cierto que al escribir sobre problemas en épocas determinadas, hay que tener en cuenta la especificidad, incluso aquellas de las tradiciones nacionales. Pero soy enemigo de un regreso a las historias nacionales.