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Venezuela, la revolución inexistente

Publicada el 13 julio, 2006

La cuestión esencial no es saber si Chávez es un bienintencionado o un hijo de tal (en realidad, tampoco hay mucho margen para la duda). Se trata de saber si eso que se ha dado en llamar el chavismo sirve o no sirve al avance de la causa popular en Venezuela.

  

¿Sirve? Yo creo que no. Al contrario, la ha metido en un camino equivocado, una senda que lleva directamente al precipicio; no es un camino "bueno" ni "malo" en sí, es simplemente equivocado y con consecuencias catastróficas, que a no dudar se manifestarán a medio plazo.

  

Un dia, probablemente no lejano, Chávez se irá (le echarán sus compañeros de armas, o lo matarán; el dato en sí carece de importancia salvo para él y sus allegados). La cosa es saber qué quedará después de él. Qué AVANCES SIN VUELTA ATRÁS (es decir, que perduren tras él a pesar de lo que venga después), habrá experimentado la causa de los trabajadores y las clases populares venezolanas. ¿Qué avances consolidados quedarán? Mi pronóstico: ninguno. Porque en Venezuela no se está haciendo NADA que contribuya a cambios estructurales y perdurables. ¿Qué revolución es ésa, que no altera ni una brizna de las estructuras existentes? En Venezuela no hay revolución del signo que sea (popular, burguesa, proletaria…), sino un poder cesarista-populista que no ha tocado nada, que no ha alterado nada. Y no lo ha hecho porque ni quiere, ni puede, ni sabe, ni desde luego le iban a dejar.

  

¿Qué son los famosos programas de dinamización social del gobierno venezolano?: una caricatura de programa socialdemócrata, una filfa estilo caribeño, ineficiente y envenenada por la corrupción. Para los beneficiarios, PURA CARIDAD: les dan un pescado para comer hoy. ¿Y mañana? Mañana Dios dirá. Y cuando se acabe el maná del petróleo (por bloqueo, caída de precios, o por la causa que sea), adiós programas sociales.

  

En las últimas elecciones el lema del chavismo se resumía en un cóctel de nacionalismo, cristianismo y (supuesto) socialismo. El problema no es que tal mezcla sea absurda y populachera; el problema es que es demasiado peligrosa, demasiado inflamable en manos de un atajo de elementos como Chávez y su corte. A cualquiera que tenga una mínima formación política, esa mezcla no puede sino causarle repugnancia: tal cóctel es una forma barata aunque eficaz a corto plazo para conseguir la complicidad de las masas populares, desde luego; y los ingredientes del brebaje les suenan divinamente, sobre todo contra más analfabetos sean sus consumidores. Pero ¿realmente esa porquería contiene algo? ¿El cóctel es un programa de cambio revolucionario real? ¿tal vez un programa de gobierno reformista? Nada de nada. Cero. Palabrería y caridad.

  

Daría risa, sino fuera para llorar, oír a tanto intelectual de tercera reivindicando la experiencia chavista; los mismos que suelen llenarse la boca criticando (en ocasiones incluso con razón) la experiencia socialdemócrata europea…o la americana reciente. Hace un par de años algunos se reían de que Lula dijera pretender que, al final de su mandato, se hubiera erradicado el hambre de Brasil; curioso que sean los mismos que luego ponen en un pedestal a Chávez. Que el PT haya fracasado a pesar de ser una fuerza social bien organizada y con amplio apoyo en todo Brasil, debería darnos pistas sobre lo que se puede esperar de ese movimiento heterogéneo y anárquico que de modo cada vez más reducido en efectivos, sigue apoyando el chavismo. Obvio que toda esa pobre gente no tienen alternativas. Porque, más obvio todavía, la izquierda venezolana no ha sabido construirlas. Ni siquiera proponerlas: ni reformas ni revoluciones ni nada de nada. Así que unos y otros (los pobres y los "intelectuales") se agarran como desesperados a los calzones de Chávez.

  

En definitiva, tenemos una izquierda venezolana -secundada por otros "brillantes" izquierdistas americanos y europeos- que ha abdicado de sí misma, entregándose en cuerpo y alma al populismo milenarista. Y lo curioso es que muchos de ésos se siguen llamando leninistas. Habría que saber qué pensaría Lenin de semejante trasvase.

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