La Feria Internacional del Libro (FIL) que se celebra anualmente en la ciudad mexicana de Guadalajara – la segunda más importante del mundo después de Frankfurt-, ha tenido este año como invitada especial a la cultura catalana.
Puede parecer sorprendente de entrada que una cultura europea nacional minoritaria sea llamada a adquirir un protagonismo destacado en un evento de las dimensiones de la FIL. Para entenderlo debemos tener en cuenta que lo que llamamos cultura catalana trasciende con mucho el marco estrecho de una lengua minoritaria y de una cultura de ámbito territorial reducido, para proyectarse a un idioma y un universo cultural, el castellano, cuyo espacio es de ámbito enormemente mayor.
Durante demasiado tiempo se ha identificado cultura catalana con un repertorio de valores culturales ligados exclusivamente al nacionalismo catalán y expresados únicamente en idioma catalán. La burguesía catalana hegemonizaba así la cultura nacional de un pueblo, dejando fuera a las clases populares y trabajadoras, que mayoritariamente se expresan en castellano.
Los sectores oficiales que han manejado la cultura catalana durante el último cuarto de siglo, el de mayor y más intensa presencia nacionalista en la vida oficial catalana, llegaron a establecer que cultura catalana era únicamente aquella producida en idioma catalán sobre temas que afectaran al ámbito de lo catalán. Quedaba así excluida de tal consideración toda la abundantísima producción literaria en castellano desarrollada por autores catalanes que se expresan en esa lengua.
La expresión en castellano de muchos intelectuales y literatos catalanes no es un capricho o una moda pasajera. Se remonta a tiempos muy antiguos, y proviene en general del interés por conectar con amplias capas de la propia población catalana y, desde luego, con la necesidad de proyectarse hacia el más amplio espacio que representa España y más lejos todavía, el mundo latinoamericano.
En el interior del país, más de la mitad de la población catalana habla cotidianamente en castellano y dos tercios del total de catalanes escriben únicamente en ese idioma. Así, mientras que las ediciones en castellano en Catalunya logran buenas ventas sin recibir subvención oficial alguna, el gobierno autónomo catalán debe incentivar generosamente la producción editorial en catalán para que ésta se mantenga. Son datos que demuestran la vitalidad que la lengua de Cervantes sigue teniendo entre nosotros.
Autores como los ya fallecidos Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Manuel Vázquez Montalbán, o vivos como Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Antonio Ruiz Zafón, Javier Cercas…por citar sólo algunos nombres, la mayoría de ellos bilingües, han hecho "cultura catalana" en castellano desde su dimensión de catalanes ciudadanos del mundo.
Desde el punto de vista exclusivamente industrial, Barcelona es el mayor centro editorial mundial en castellano; entre el sinfín de editoriales afincadas aquí que editan en castellano, se incluyen las tres más importantes del mundo en ese idioma. Las exportaciones de libros se cuentan por millones de unidades, y la mitad de esas exportaciones tienen como destino México.
En ese sentido, la Feria de Guadalajara ha sido un escaparate magnífico para establecer nuevos canales de distribución y venta, y sobre todo para contactar nuevos públicos. Paralelamente, el despliegue catalán en la FIL ha dado cuenta también de otros aspectos culturales como la gastronomía, el turismo y las tradiciones, que complementan y potencian el interés de la muestra ofrecida.
La presencia catalana en Latinoamérica ha tenido estos días no sólo volumen comercial sino sobre todo, dimensión literaria en castellano y en catalán. A lo largo de los nueve días de la FIL, un desfile de intelectuales y escritores han presentado lo mejor de sí mismos y de su país al casi medio millón de visitantes de la Feria. El homenaje a Juan Goytisolo, al que asistieron entre otros Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, y el acuerdo de que a partir de la próxima edición del premio Juan Rulfo se puedan presentar al mismo obras escritas en catalán, constituyen dos hitos de reconocimiento internacional de esa doble vertiente lingüística de un mismo pueblo y de una sola cultura.
Guadalajara 2004 ha sido pues para nosotros, catalanes, la oportunidad de mostrar al mundo quiénes somos y qué hacemos, y de paso, enterrar algunos viejos demonios familiares que nos han atenazado durante demasiado tiempo.