Hace unos días, Serrat anunció públicamente que padece un cáncer de vegija, del cual debe operarse este mes de noviembre. Por dicho motivo, queda suspendida la gira que debía comenzar por Latinoamérica, así como otros conciertos programados en España.
Sin truculencias ni tremendismos, con su sencillez de siempre, Serrat dio la noticia poco antes de iniciar los que por ahora han sido sus últimos conciertos, en Madrid y en Girona. Tras explicar la situación sin tapujos, usó palabras hermosas y claras a modo de resumen: "Lo importante no son las cosas que le pasan a uno en la vida, sino cómo uno las afronta".
Una vez más, Serrat se dispone a librar otra batalla de gigantes, una más en su ya larga trayectoria. Puede hacerlo –y seguro que lo hará- con la tranquilidad y la energía de quien sabe que tiene de su lado la razón y el cariño. Necesitamos a Serrat por muchos años, y este es sólo un alto en el camino, un descanso para recuperar fuerzas.
Joan Manuel Serrat Teresa, nació en Barcelona, en la barriada obrera del Poble Sec, "hijo de Angeles y de Josep" (como comienza una de sus canciones), hace un poco más de 60 años. Angeles fue una de esas "dulces criadas de Aragón" llegadas a servir en casas de la burguesía catalana, y Josep fue un obrero manual catalán. Sobre esa doble aportación, mitad catalán mitad de cualquier otro sitio, Serrat se construyó una manera de vivir y de ver el mundo que le ha hecho conciliar un amor tierno, lúcido y a menudo irónico por su tierra y su ciudad, con un cosmopolitismo internacionalista sereno y no menos lúcido.
Serrat, "El Noi del Poble Sec" (el Chico del Poble Sec) o simplemente, el Nano (el chaval), lleva más de cuarenta años encarnando una Catalunya popular, mestiza, firme, solidaria y combativa, y todo ello con una sonrisa en los labios y el corazón abierto a todos los vientos. Serrat canta en catalán y castellano, y durante años ha ido alternando discos en uno y otro idioma, porque la cultura y el combate por la libertad, para Serrat, no pueden dividirse en compartimentos estancos: son uno y universales, aunque su riqueza se exprese en muchas voces, a las que hay que conocer y amar por igual.
Quizá la mayor aportación de Serrat a la cultura universal fuera desenterrar en pleno franquismo a Antonio Machado y a Miguel Hernández. Esos dos discos se siguen vendiendo como cuando fueron grabados, y alguno de los poemas musicados sigue interpretándolos el cantautor en cada uno de los conciertos por iniciativa propia o a petición del público.
Su compromiso personal y político trascendió desde siempre las tertulias de salón de cierta burguesía antifranquista exquisita, "la gauche divine", para comprometerse a fondo con la realidad de la calle. Ya en los años sesenta, Serrat desafió al régimen franquista negándose a cantar en castellano en el festival de Eurovisión. Algunos años más tarde, con el dictador agonizante, unas declaraciones suyas le valieron tener que exiliarse en México durante unos meses.
De siempre y en los tiempos más duros, Serrat ha cantado, firmado manifiestos y aportado su prestigio allá donde ha sido requerido por una causa noble, siempre en defensa de la libertad y la democracia. Socialista crítico desde los tiempos de la clandestinidad en Convergència Socialista de Catalunya hasta hoy en el Partit dels Socialistes de Catalunya, Serrat ha sido y es parte de la historia del movimiento socialista catalán, aunque jamás haya querido ostentar cargos orgánicos ni representativos.
Más allá de Catalunya y de España, Serrat se ha proyectado en América Latina como un profeta de la libertad y la democracia, sobre todo en aquellos terribles años setenta. Aunque en todas partes se le quiere y él corresponde, quizá el amor entre Serrat y Argentina sea el más antiguo y el más intenso; para Serrat, Argentina es como una segunda patria, y los argentinos, unos paisanos más.
Acostumbrados a él, le necesitamos. Necesitamos su suave ironía sobre nosotros mismos y sobre nuestras cosas, y necesitamos su conciencia crítica sobre todo eso que pasa aquí y en cualquier otro rincón del mundo. Antes de que se hablara de globalización, ya estaba Serrat explicando en centenares de canciones que los problemas no son exclusivos de nadie, y que entre todos y en todas partes hay que arrimar el hombro. Esa visión internacionalista de un mundo global, esa solidaridad esparcida por todo el planeta, ha enseñado en suma a millones de personas a ser mejores y a pensar por sí mismas.
Aunque sólo sea por eso, queremos seguir teniendo a Serrat entre nosotros muchos años. Somos así de egoístas.